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 Genoveva Cressenthorn

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Genoveva Cressenthorn
Asesino
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Cantidad de envíos : 38
Fecha de inscripción : 02/09/2009

Datos
Nivel: 5
Ocupación: asesino a sueldo

MensajeTema: Genoveva Cressenthorn   Jue Sep 03, 2009 12:33 am

·Nombre: Genoveva Cressenthorn
·Edad: 21 años
·Clase: asesina
·Estatus social: villana

·Nivel: 5

·Stats:

-Ataque físico: 7
-Defensa física: 6
-Ataque mágico: 0
-Defensa mágica: 2
-Curación: 0
-Iniciativa: 4
-Sigilo: 7
-Percepción: 4
-PV: 50 PV

·Objetos:
- Dos dagas de nivel 1.

·Dinero: [...]

·Descripcion fisica: hermosa, de piel pálida, con el pelo blanco corto pero algunas hebras más largas, ojos marrones y expresión fría. Es muy ágil y sus movimientos son rápidos y elegantes.

·Personalidad: fría, enigmática y calculadora. Es autoritaria y quiere tener siempre la última palabra, aunque es buena actriz si la ocasión lo requiere.

·Biografia: Cressenthorn nació una noche de verano en los suburbios más profundos de Athion. Su madre, Nadja Clenech, era una prostituta que trabajaba secretamente para el Gremio de Asesinos, y que utilizaba sus favores para atraer a sus víctimas y así poder eliminarlas con más facilidad. De su padre nunca supo nada, y todo apunta a que fue uno de los “trabajos” de su madre.

Nadja la instruyó rápidamente en el uso de algunas armas menores y en pequeñas tareas relacionadas con veneno, con el objetivo de que la niña le fuera útil rápidamente. Genoveva participó en algunos encargos de poca monta hasta que, cuando tenía seis años, un plan de Nadja salió aparatosamente mal y ésta acabó siendo detenida por la milicia. La niña, no obstante, escapó y se escondió, primero en las calles y después en las alcantarillas de la ciudad. Allí no tardó en encontrarla una mafia criminal, concretamente una de las que sueltan cocodrilos por las cloacas cuando creen que la población de guardias ha aumentado demasiado, que la vendió al harén de un sultán sirio por medio de unos contrabandistas. Pero, no se sabe si por suerte o por desgracia, el barco de los contrabandistas fue atacado por piratas españoles a la altura de Marruecos, y el barco de los piratas españoles por piratas turcos a la altura de Argelia, que pretendían liberar a sus compañeros turcos cautivos y desembarcaron a todos los ex-prisioneros en Oriente Medio, en la ciudad de Acre. Ésta era una impresionante metrópolis, habitada por una ingente masa de bienhechores y malhechores de toda clase, ralea y condición; y allí vivió Genoveva – haciéndose pasar por hija de un viejo asesino que se fingía ciego para pasar impunemente opio a la ciudad desde el Kurdistán – hasta los catorce años, tiempo durante el cual aprendió las más sutiles y refinadas artes de la esgrima, el engaño, robo, contrabando, espionaje y asesinato, aparte de una buena colección de trucos acrobáticos muy útiles para impresionar a los bobos y seguir sesgando cabezas.

A esa edad, Genoveva abandonó al ciego y entró en relaciones con el jefe de una banda de ladrones de tumbas, un occidental loco llamado Clark Kebberoy que se creía un cruzado templario y el delfín de Francia, y tenía un plan estupendo para reflotar el negocio de los ladrones de tumbas: en lugar de robar sólo a reyes muertos, robar también a reyes vivos. Con este objeto, la banda contrató a la chica y se dirigió a la India, donde saquearon templo tras templo haciéndose pasar bien por peregrinos, bien por santones, bien por vacas sagradas; e hicieron un buen dinero y dejaron un notable reguero de dioses decapitados, sacerdotes mortalmente ofendidos y miembros de la banda ahorcados, cremados y/o fenecidos en otras clases de muertes igualmente desagradables.

No obstante, la banda terminó por disgregarse cuando Clark Kebberoy murió víctima de la enfermedad del sueño que le contagió un mosquito, y Genoveva aceptó entonces la propuesta de un falso monje zen de escoltarlo hasta Japón para protegerlo de sus acreedores, que le pisaban los talones y habían comenzado a utilizar métodos realmente drásticos para recuperar la exorbitante suma de dinero que les debía. La chica llevó al monje, sano y salvo, hasta Kyoto, y una vez cobrada la recompensa se lo cargó, puesto que los cabecillas de un clan ninja le habían ofrecido otra recompensa más por la cabeza del monje.

Genoveva permaneció allí un tiempo, aprendiendo de las técnicas de los ninja y las kunoichi, y acostumbrándose sin dificultad al vistoso kimono japonés. Pero como todo tiene un límite, acabó cansándose de eso también y decidió volver a su patria, la vieja Europa; el viaje fue muy accidentado, como era de esperar, pero a los diecinueve años Genoveva pisaba por primera vez París. Allí siguió los pasos de su madre y se puso a trabajar en un burdel para tener mayores facilidades a la hora de recibir y ejecutar sus trabajillos sucios; y allí conoció a Mark Cressenthorn, otro buscavidas sin muchos escrúpulos, pero muy divertido e ingenioso. Ambos se enamoraron rápidamente y se casaron; y tal vez el amor y el sexo salvaje los hubieran transformado y desviado de sus perversas y malévolas sendas vitales hacia derroteros más respetables, pero una vez más la justicia lo impidió enviando a Mark al patíbulo antes de tres meses. Dolida, Genoveva – ahora Genoveva Cressenthorn – abandonó Francia y volvió a Athion, donde el cabecilla en la sombra del por entonces decaído y en horas bajas Gremio de Asesinos la fichó sin dilación. Cooperando ambos, el genio criminal y la jovencita homicida, lograron reorganizar el gremio en apenas unos años, convirtiéndolo en la floreciente organización de potenciales degolladores sanguinarios que es ahora.

De ahí en adelante, todo le fue bien, hasta que un día y por casualidad se topó con una sargento de la milicia: Mica Lion. Estuvo a punto de enviarla a su vida de ultratumba, pero las circunstancias lo impidieron, y desde entonces la sargento sufre un ataque de lesbianismo desenfrenado histeria persecutoria que no deja a Cressenthorn un instante de paz una vez pone un pie en la calle.
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